La tensión entre ellos era un puente vivo, tendido sobre el abismo de sus historias. El beso los había dejado jadeantes, con las frentes unidas, compartiendo el mismo aire cargado de deseo y algo más profundo, algo que olía a destino. Horus aún sostenía la mano de Hespéride, la que minutos antes había sellado con su lengua, como si aquel contacto fuera un ancla a la realidad.
Fue entonces cuando Hespéride, sin apartar su mirada violeta de sus ojos plateados, murmuró dos palabras en una lengua qu