Los días posteriores al nacimiento marcaron un punto decisivo en la historia de Krónica. Las semanas avanzaron con una mezcla de expectación y reverencia; el rumor de los nuevos herederos se extendió más allá de las fronteras del reino, cruzó montañas, ríos, desiertos y bosques, llegando a cada rincón del continente. Los reinos sabían que aquella familia, la de los libertadores, era el baluarte contra cualquier amenaza futura. Los hijos de Horus y Hespéride eran vistos como guardianes naturales del equilibro, luces para prevenir que un tirano emergiera desde las sombras con deseos de conquista.
Con el paso de los días, las doncellas, brujas y druidas prepararon todo para la primera presentación pública. La noticia de que la reina había dado a luz a cuatro hijos —tal como se anunció— había sido celebrada con entusiasmo. El rumor del quinto era un susurro contenido, reservado para el círculo más interno del palacio. Sin embargo, la energía que recorría Krónica desde el parto era tan int