Atlas volvió a estremecer la tierra con un bramido que pareció surgir del centro mismo del mundo. Las grietas se abrieron bajo sus pies como bocas hambrientas, listas para devorar cadenas, enemigos, aliados y cualquier cosa que se interpusiera entre él y su libertad. El suelo tembló en ondas que hicieron tambalear a cientos, desgarrando árboles, rompiendo armaduras, arrojando cuerpos al aire como si fueran muñecos sin vida. El titán utilizaba cada músculo, cada fibra, cada latido para romper las ataduras que lo contenían.
Pero Hespéride no se iba a permitir un solo segundo de vulnerabilidad.
Elevó ambos brazos con una suavidad extraña para la magnitud de lo que desencadenó.
Los cielos estallaron.
Rayos magenta descendieron en espiral, formando una barrera eléctrica a su alrededor que expulsó a enemigos y aliados por igual. Sus ojos violetas brillaron intensos, su cabello flotó como tinta en agua. Era la Luna púrpura mostrando un fragmento de su dominio. Los soldados que se acercaban q