Atlas volvió a estremecer la tierra con un bramido que pareció surgir del centro mismo del mundo. Las grietas se abrieron bajo sus pies como bocas hambrientas, listas para devorar cadenas, enemigos, aliados y cualquier cosa que se interpusiera entre él y su libertad. El suelo tembló en ondas que hicieron tambalear a cientos, desgarrando árboles, rompiendo armaduras, arrojando cuerpos al aire como si fueran muñecos sin vida. El titán utilizaba cada músculo, cada fibra, cada latido para romper la