Hespéride mantenía al titán contenido en el otro extremo del campo de batalla, sosteniendo las cadenas con ambos brazos extendidos, mientras descargas eléctricas; magenta, violentas, indomables, recorrían cada eslabón y se hundían en la piel del gigante como garfios incandescentes. Era una imagen feroz y magnífica: la bruja púrpura, flotando con su cabello azotado por el viento, su vestido oscuro ondeando como un estandarte de tempestad, y el titán prisionero, elevándose y hundiéndose al ritmo