La tregua se extendía en todo el continente como un respiro inesperado. El nacimiento de los hijos del emperador Atlas Grant había detenido el flujo de sangre por unos días, como si incluso la guerra temiera interrumpir la celebración de un acontecimiento tan trascendental. Desde las montañas hasta los llanos, mensajeros llevaban la noticia: tres varones habían nacido en Atira, tres titanes concebidos de forma natural, herederos legítimos del imperio.
Cuando la noticia llegó a la mansión oculta