Leighis Noor, la emperatriz dorada, se había recuperado con una velocidad sorprendente. Su cuerpo, fortalecido por la herencia élfica y sostenido por la magia de luz que recorría su ser, sanó en pocos días de lo que a otras mujeres les tomaría semanas. No era solo su sangre noble lo que la hacía resistir, sino también su férrea voluntad de no permanecer como una simple madre confinada en los muros del palacio. Su mente, incansable, ya había comenzado a idear un nuevo plan.
Némesis seguía siendo