Leighis comenzó a tener sueños que no eran sueños, visiones que se abrían como portales en medio de la noche. Se veía a sí misma en un valle helado, rodeada por un silencio absoluto. Allí, una figura envuelta en sombras caminaba hacia ella, cubierta con la máscara negra de Némesis. Cada paso resonaba en la nieve con un eco que le atravesaba el pecho. La figura levantaba la mano y de sus dedos brotaban cristales de hielo que se extendían como raíces, congelando el mundo a su alrededor. Leighis s