Atlas permaneció solo en la cámara del trono, rodeado por las antorchas que nunca se apagaban y las estatuas de obsidiana que representaban a los antiguos emperadores. Había recibido la noticia del embarazo de Leighis con la serenidad que lo caracterizaba ante los demás; un gesto seco, una frase firme. Pero en la soledad, cuando no había ojos que lo observaran, la verdad de sus pensamientos se abría como un río oscuro.
El titán apoyó las manos sobre el respaldo de piedra y dejó que su mirada se