Desde la distancia, la batalla se contemplaba como un espectáculo imposible. Los montes cercanos se convirtieron en graderíos de sombras, donde algunos fugitivos, exploradores y hasta espías aguardaban. Veían el campo cubierto de escarcha brillando bajo la luna; veían un ejército imperial extendido en oleadas contra un solo hombre. El humo de las hogueras se mezclaba con la bruma negra que surgía de Némesis; los sonidos de acero, gritos y crujidos helados ascendían como una sinfonía brutal.
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