Horus hizo aparecer su escudo y su espada. El acero gélido surgió en sus manos con un brillo cristalino, forjado en la esencia de la escarcha que obedecía a su voluntad. El escudo relucía como una plancha de hielo endurecido, impenetrable y afilado en sus bordes; la espada era una hoja translúcida, fría, que emitía un vapor helado con cada movimiento.
El gigante saltó de la muralla con su gran martillo. Krannon Veyras descendió como un trueno, su silueta monumental recortada contra la luna. El