Aquella ternura contrastaba con lo que aguardaba más allá de los muros. Los monitores de cristal mostraban las rutas donde las tropas del emperador perseguían a Némesis. Atlas había jurado aplastar cualquier chispa de rebelión, y en Domvarg, el antiguo reino de Thalyra; su presencia se sentía como un yugo. Ese territorio, rebautizado con un nombre que escupía desprecio sobre su pasado, se había convertido en símbolo de la opresión imperial.
Horus y Hespéride compartían las guardias frente a los