Erik:
Me sabía mal tener que pedir ayuda. Clara tenía razón: debía recibirla. Aquella carta de demanda me había dejado al borde de la locura. La idea de perder a mi pequeña me estaba matando.
Mi esposa, que en paz descanse, nunca me perdonaría si no luchaba y hacía hasta lo imposible por quedarme al lado de nuestra hija.
Lucero, mi esposa, había decidido alejarse de sus padres controladores y opresores para elegirme a mí, y con ello también a nuestra hija, aunque esa decisión… le hubiese costad