Había estacionado recién. Cuando noté la camioneta de mudanzas estacionar detrás de mí, bajé del auto, trancando la puerta y recibiendo a Luna, que no perdió el tiempo en correr hacia mí y darme un abrazo.
—¡Mami Clara, las casas son muy grandes aquí! — me dijo con emoción mirando a su alrededor.
—Si lo son mi niña, pero es porque también tienen un jardín y una piscina.
Sus ojos se abrieron más grandes con mis palabras, pero no dijo nada, solo tomó mi mano y esperamos a Erik que venía a paso le