—¿Vamos a la sala un rato? — me pregunto y fui consciente de que aún estaba sobre la encimera.
Asentí ayudándola a bajar de la misma y la seguí sentándome a su lado, esta noche era muy parecida a la de nuestra noche de bodas, la poca Luz de la luna que entraba por la cortina, el silencio y la risa nerviosa de los dos. Pero ahora ocurría en este lugar llamado hogar.
Luego de platicar un poco más, volvimos a la habitación, no sabía el motivo, pero ella parecía algo torpe en la oscuridad, así que