CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

—No te preocupes, el ama de llaves está aquí para cuidar cada aspecto, también hay un jardinero que estará cuidando el exterior. La casa está a nombre de los dos, es el bien familiar y está completamente paga. Ahora tenemos que ocuparnos de que tú aprendas bien tu rol en el trabajo, de tu vestimenta y del cambio de look —le dije enumerando aquellas cosas con mis dedos.

—No me cortaré el pelo, me gusta tenerlo así… pero tranquila, no te are quedar mal, lo mantendré prolijo. Y las corbatas, caray, eso sí que me hace sentir como un perro atado a un poste— me dijo, logrando que se me escape una risita por sus palabras.

—Aprenderé bien, te doy mi palabra.

—Tranquilo, no te obligaré a usar corbata a no ser que sea muy necesario. Sé que lo harás bien, confió en ti— le dije trasmitiéndole un poco de alivio.

Sin duda, la casa y este cambio habían hecho feliz a Luna, pero nosotros estábamos muy estresados. No perdí la oportunidad de contarle que el colegio privado de Luna, el que nos había reco
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