Danae
El sol de la tarde caía oblicuo sobre la entrada de la escuela, tiñendo de oro las paredes blancas y los juegos del patio. El aire estaba lleno de risas infantiles, de mochilas que golpeaban las piernas de los niños que corrían a encontrarse con sus padres, de bocinas impacientes en la calle.
Me quedé parada en la acera, esperando a que Sofía y Lucas salieran por la puerta principal. Mi corazón, como siempre que los esperaba, se aceleraba con esa mezcla de orgullo y ternura. A veces aún m