Danae
El resto del día en Montenegro Enterprises fue un ejercicio de autocontrol.
Kael se movía por la oficina como si nada hubiera pasado, pero yo podía sentirlo incluso cuando no me miraba: esa energía densa que llenaba el aire, como si en cualquier momento algo fuera a estallar.
Cuando el reloj marcó las seis, recogí mis cosas. Estaba a un paso de la puerta cuando su voz me detuvo.
—Te llevo a casa.
Me giré, arqueando una ceja.
—No hace falta, puedo…
—No es una pregunta —interrumpió, levantá