Danae
El sol comenzaba a caer, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados que se reflejaban sobre los ventanales de la mansión. Aquella casa, tan grande y silenciosa durante los días que había pasado allí, ahora se sentía viva.
El eco de las risas de mis hijos llenaba cada rincón, y el sonido de sus pasos apresurados resonaba en los pasillos como una melodía que había extrañado por demasiado tiempo.
Aún me costaba creerlo.
Estaba en casa. Con ellos.
Con él.
Kael había insistido en que descansa