Livia
En el ascensor, la situación no cambió; se volvió más intensa al estar en un lugar más reducido, con él rodeando mis caderas y su boca rozando la piel expuesta de mi cuello. Parecía embriagado, completamente perdido por el deseo de tocarme.
—¿Esto querías, cierto? —susurró, con su voz más grave de lo normal—. Te gusta tentar al diablo, Livia. Deberías ser más cuidadosa.
Sonreí, posando mi mano sobre su mentón, acariciando su barba y disfrutando del contacto. Se sentía tan bien. Me gustaba