En ese instante, Valentina clavó la mirada en Mateo, paralizada por la sorpresa, mientras ese nombre la transportó instantáneamente a los días posteriores a su desaparición. En aquel entonces, tuvo que aceptar la dolorosa realidad cuando se vio obligada a aceptar que nunca lo volvería a ver. Juró entonces que no permitiría que nadie más ocupara ese lugar en su corazón.
Pasaron días de ausencia en la universidad, sumida en su propio vacío, hasta que al fin decidió regresar a su clase favorita