Los pensamientos de Valentina resonaban en su cabeza: “¿Quién se cree esta ogra para actuar así delante de mí? ¿Acaso olvida que Mateo es mi esposo?", pensó, clavándose las uñas en las palmas mientras observaba a Mateo.
“Te crees tan listo… ¿Verdad, Mateo? Pensarás que no vi cómo sonreías cuando te susurró al oído, y que no noté cómo aceptaste su copa y la observaste lamer la suya como la golfa que es.”
Valentina permaneció en su asiento, conteniendo con esfuerzo la ola de celos y furia que l