El ruido de los tacones de Valentina irrumpió bruscamente en los recuerdos de Mateo. En un instante su expresión feroz se transformó en una sonrisa perfectamente calculada. Valentina sin anunciarse, abrió la puerta de un empujón, lanzando su bolso sobre el escritorio con un gesto de falsa familiaridad, como si aquel espacio le perteneciera.
Mateo, sorprendido por la inesperada visita, intento saludarla, pero ella lo interrumpió al acomodarse con estudiada comodidad en uno de los sofás, despleg