Mateo yacía entre lápidas, consumido por él dolor. El frio le calaba los huesos mientras sentía como su sangre se escapaba lentamente de sus heridas. Aferrándose desesperadamente a la vida, apenas podía mantener los ojos abiertos cuando una figura se acercó. Era una anciana de luto, que visitaba la tumba de su hijo y nuera, en el cementerio
Al descubrir al joven moribundo, cuyo cuerpo marcado por cicatrices y la vestimenta de la banda rival delataban su procedencia, la mujer no dudo. Con un g