Al llegar a la mansión, la encontró vacía. Recorrió cada habitación gritando su nombre, pero solo el eco le respondió. Las llamadas al celular de Mateo quedaron sin respuesta. Con un gemido de frustración, arrojó el teléfono contra el asiento del auto. Las lágrimas nublaban su visión mientras aceleraba, sin saber adónde ir, pero segura de una cosa: debía encontrar a Mateo antes de que el pasado los destruyera a ambos.
De pronto recordó que Mateo había estado pasando casi todo su tiempo en el c