Mateo sintió un peso opresivo en el pecho al contemplar sus propias manos—las mismas que habían causado tanto dolor — luego su mirada se posó en Valentina, que sollozaba desconsolada, algo en él se quebró. A pesar del odio que lo consumía, no podía ignorar el amor que aún sentía por ella. Con mano temblorosa, intentó acercarse y tomarla de la mano, pero Valentina se resistió.
—No —dijo alejándose—. No me toques, Mateo. Vine aquí con el alma destrozada para pedirte perdón...para discúlpame por