La canción de la victoria se desvaneció, pero su eco permaneció. Era un zumbido silencioso y seguro en la conciencia colectiva de la manada, una nueva base de unidad. Nos habíamos enfrentado a un dios y lo habíamos obligado a retirarse. Habíamos sobrevivido. Pero de pie sobre la tierra limpia y manchada de sangre de nuestra cala, sentí una verdad fría y dura asentarse en mi estómago. No habíamos ganado. Solo habíamos sobrevivido a la primera oleada.
La manada era un hervidero de energía nervios