El silencio que cayó sobre el patio era una cosa viva, pesada. Era el sonido de cien pulmones jadeando por aire, de cien corazones intentando bajar de un galope frenético y aterrorizado a un ritmo constante y exhausto. Era el olor del sudor y el miedo, pero debajo de él empezaba a surgir un aroma nuevo y complejo. El olor del asombro. El olor del respeto. Y todo estaba dirigido a mí.
Mi cuerpo era un trapo exprimido, mis extremidades temblaban con un cansancio tan profundo que parecía una enfer