Elara P.O.V
El aroma de la satisfacción de Vigo era un perfume empalagoso, dulzón, que flotaba en el aire del territorio de la Manada del Lobo de Plata. Era el olor de la victoria, de un depredador que acababa de ver a su rival huir en la noche. Podía sentirlo desde mi jaula dorada, una ola de energía arrogante y palpitante que me hacía erizar la piel. Él creía que había ganado. Creía que la desesperada misión de Ronan a Madrid había sido un encargo fallido, una tontería que solo demostraba su