La última palabra del Juez quedó suspendida en el aire, como un fragmento frío y afilado de lógica pura. La sinfonía perfecta y unificada que habíamos imaginado se había hecho añicos, reemplazada por la cruda y discordante realidad de nuestros defectos individuales. Por un momento, nos quedamos congelados, cada uno lidiando con la profunda y condenatoria verdad de nuestra propia naturaleza.
El silencio fue roto por un sonido que no formaba parte de nuestra sinfonía. Fue un chillido, un grito di