El viaje de regreso a la superficie fue una comunión silenciosa y compartida. El agua ya no se sentía fría, sino pesada, saturada con el recuerdo de lo que habíamos hecho. Cuando finalmente rompimos la superficie, jadeando en el aire cargado de sal, el cielo gris de arriba parecía reflejar la melodía agridulce que ahora zumbaba en mi alma. Un cúter pequeño y rápido de la manada Colmillo Sombrío nos esperaba; su tripulación nos miraba con una mezcla de asombro y aprensión. Podían sentir el cambi