El mundo era un cuadro de vidrios rotos.
Cada rostro en la sala del consejo era una máscara congelada de asombro, sus aromas una tormenta caótica de incredulidad, miedo y el horroroso y creciente estremecimiento de una revolución desarrollándose en tiempo real. Y en el centro de todo estaba Vigo. La araña inquebrantable, el maestro manipulador, ahora era solo un hombre. Un hombre cuyo corazón se había detenido al ver a su hija.
Seraphina. Su única verdadera debilidad. De pie en el corazón de la