Dos meses pasaron en el Valle del Día Despierto. La cicatriz del día robado comenzó a desvanecerse, no hacia el olvido, sino hacia el tejido de su historia. La piedra conmemorativa se convirtió en un lugar de reflexión silenciosa, un nudo en la historia del pueblo que les recordaba su fuerza. Las risas regresaron a la plaza, pero ahora eran diferentes, más reales, teñidas con el recuerdo del silencio. Los niños jugaban juegos que consistían en “despertar” de un sueño mágico, convirtiendo el tra