El viaje hacia Veridia fue una caminata hacia un tipo diferente de silencio. No era el profundo y reverente silencio del Bosque del Llanto, ni la respiración detenida del Valle de la Vida Inmóvil. Este era un silencio estéril y vacío, un vacío donde debería estar la música de la vida. Los pájaros cantaban con menos frecuencia, y sus cantos parecían más simples, más repetitivos. El viento que susurraba entre las hojas no llevaba historias, solo un suspiro frío y sin propósito.
Kaelen, el niño de