El ardor en la frente de Emily es un recordatorio constante de su realidad. Se detiene frente al espejo, observando su reflejo con una mezcla de desprecio y resignación. La chica que solía ser, la que se vestía con ropa de segunda mano y luchaba por cada centavo, ha desaparecido. En su lugar, ve una sombra con el cabello castaño recién lavado, con el rostro pálido y los ojos llenos de un miedo que no puede ocultar.
Sus dedos tiemblan mientras abotona el vestido que le han dejado sobre la cama.