El regreso a su habitación es rápido. Emily se siente aturdida, todavía con el nudo en el estómago por lo que acaba de pasar. Apenas cruza la puerta, un equipo de estilista sube a toda prisa la escalera. Tres mujeres y un hombre con un maletín lleno de maquillaje la miran como si fuera una muñeca. No dicen una palabra. Simplemente empiezan a trabajar.
La sientan en una silla. Un par de manos expertas la desvisten, le quitan la ropa de la cena y la reemplazan con un vestido de gala. Es de un col