Capítulo 6 —Linda
Narrador:
La limusina avanzaba suave, casi imperceptible, como si el mundo allá afuera se moviese y ellos permanecieran inmóviles. Luces de ciudad cruzaban el interior, recortando sombras en los rostros, dibujando destellos sobre el vestido neg*ro de Camila y la piel dorada de Antonio.
El silencio pesaba. No el silencio amable. El silencio que aprieta el pecho. Que deja espacio a cosas que ninguno quiere sentir.
Camila estaba sentada con la espalda recta, las manos apoyadas sob