Capítulo 5 —¡DILO, GORDA!Narrador:Hubo un silencio tenso, pesado, incómodo. No el silencio que calma, el que presiona.Camila seguía procesando lo que acababa de escuchar. El mundo que conocía se le había resquebrajado, y aun así intentaba sostenerse con dignidad. Antonio la observó un segundo más, como si quisiera decir algo que no iba a decir. Tal vez una disculpa, tal vez una palabra menos cruel.Pero Antonio no era un hombre que se quedara a contemplar heridas. Era un hombre que pasaba por encima de ellas. Y lo hizo.Se enderezó, como si cerrara una puerta emocional dentro de sí mismo. Respiró hondo. Y decidió que ya no iban a hablar de sentimientos, ni de pasado, ni de dolor.Solo de estrategia, solo de supervivencia, solo de reglas.—Ahora escucha —dijo —Porque esto no es opcional. A partir de hoy, hay reglas.Camila lo miró, con los ojos brillantes pero la barbilla alta.—Vamos a ser vistos juntos —continuó —En eventos, en lugares públicos. Donde haya cámaras, donde haya ojos
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