Capítulo 7 —FingirNarrador:La limusina se detuvo frente a un océano de luces. Flashes, cámaras, sonrisas plásticas, expectativas afiladas.El mundo de Antonio. El mundo en el que ahora ella tenía que existir.La puerta del coche se abrió del lado de Camila. Un asistente elegante se inclinó apenas, esperando que bajara. Ella respiró hondo, reunió dignidad, fuerza, determinación… e intentó moverse.Pero una mano se adelantó, firme, segura, la de Antonio.—No —dijo con calma, desde adentro —Todavía no.Camila lo miró, confundida.—¿Qué?Antonio se acomodó en el asiento, con esa naturalidad que solo tienen quienes nacieron para mandar.—Yo bajo primero —explicó —Siempre. Y luego te ayudo.Ella frunció el ceño… y se rió, claro. Porque la defensa más vieja es el humor.—Ah, claro… —dijo —No vayas a dejar que la gorda haga un esfuerzo, no sea cosa que... —Antonio la miró filoso.Ella levantó las manos, enseguida.—Broma —aclaró —Tranquilo, ya sé, etiqueta social. Delicado mundo elegante do
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