Lo primero que sentí al despertar fue el olor a alcohol.
Luego, una voz.
—La tensión está muy baja.
Abrí los ojos despacio. El techo de la mansión apareció borroso sobre mi cabeza. Parpadeé varias veces hasta distinguir las figuras que me rodeaban.
Henrik estaba junto a la cama.
Y un médico me tomaba el pulso.
—¿Qué... qué ha pasado? —pregunté con la garganta seca.
—Te desmayaste en el pasillo —respondió Henrik, inclinándose un poco hacia mí—. ¿Cómo te encuentras?
Intenté incorporarme,