(Narrado por Laira)
Los días siguientes fueron extraños.
Sara no salía de su habitación. Apenas la veíamos en las comidas. Cuando lo hacía, estaba pálida, callada, con los ojos hinchados y la mirada perdida. Regina intentaba mantener las apariencias, pero la tensión se respiraba en cada rincón de la mansión.
Henrik no se separaba de mí. Desde el incendio, desde la ruptura del compromiso, desde la amenaza de Sara, se había convertido en mi sombra. Me acompañaba al jardín. A la cocina. Al baño, s