(Narrado por Henrik)
El chófer nos llevó en el auto hasta el barrio de Laira.
Nunca había estado allí. Nunca había tenido motivos para ir. Pero en cuanto doblé la última esquina, entendí por qué ella firmó el contrato.
Las calles estaban agrietadas, como si la tierra se hubiera cansado de sostenerlas. Las fachadas se caían a pedazos. La ropa tendida colgaba de los balcones como banderas de un país olvidado. Los niños jugaban descalzos junto a un contenedor de basura rebosante. Una mujer mayor a