A la mañana siguiente, fingí que seguía dormida.
Oí a Henrik levantarse. Entrar al baño. Vestirse. Cuando salió, permanecí con los ojos cerrados.
—Laira.
No respondí.
Esperó unos segundos.
—Volveré para el desayuno.
La puerta se cerró.
Solo entonces abrí los ojos.
No quería verlo. No porque estuviera enfadada.
Porque me dolía.
Toda la noche había dado vueltas a las palabras que le escuché decir a Regina.
"Solo es compasión."
Tenía razón.
¿Qué otra cosa iba a sentir un hombre como H