La noche cayó con un manto denso, como si las estrellas mismas se hubieran apagado. El silencio del bosque era inquietante, roto apenas por el murmullo de los guerreros que ajustaban sus armas y el crujido de las ramas bajo las botas. El aire estaba impregnado de una energía pesada, un frío que anunciaba lo inevitable.
Farkas se adelantó, su voz grave y firme resonó entre los lobos reunidos.
—Mantengan la formación. Los vampiros están cerca.
Sus ojos brillaban con la ferocidad del alfa que sie