Los miembros que aún quedaban en la manada estaban más callados que nunca. No era el silencio apacible del descanso, sino ese que se instala cuando cada corazón late al ritmo del miedo y la expectativa. Los guerreros repasaban armas, revisaban sus cuerpos, conectaban con sus lobos, algunos cerraban los ojos pidiendo a un ser superior por sus seres queridos. Esa mañana se encontraban en medio del campo y aunque faltará poco para que la noche cayerá, podían sentirla demasiado cerca. Era como si la
Nelumbia
Ya estamos en agonía, gracias por su apoyo, soñadoras, besos