El sol caía sobre los límites del territorio Norte, la batalla había durado más de lo que esperaban, pero había sido una victoria y eso era suficiente. El cielo se veía de color oro y escarlata los campos donde antes había reinado el caos. El aire olía a tierra húmeda y a sangre seca, pero también a esperanza. Los guerreros, exhaustos, patrullaban los alrededores, atentos por si algún enemigo osaba regresar. En el corazón de la manada, un murmullo comenzó a crecer, primero leve, luego poderoso