El amanecer trajo consigo un aire distinto. Ya no era el bullicio cotidiano de la manada, ni la tranquilidad de los días de trabajo, ni la rutina de los entrenamientos. El aviso había sido enviado a cada rincón de la manada, todos los guerreros debían reunirse. No había excepciones. Los inactivos, los retirados, aquellos que habían colgado sus armas, todos estaban obligados a volver al frente.
Jennek lo sabía desde el momento que supo que una guerra se acercaba. Había asentido en silencio, cons