El regreso a la ciudad no fue en un coche blindado cualquiera. Alaric exigió un convoy que gritara poder. Elora iba sentada a su lado, luciendo un traje de seda color lavanda que contrastaba violentamente con la frialdad de su mirada y los moretones que aún se adivinaba bajo el maquillaje perfecto.
Ya no era la secretaria que bajaba la cabeza; ahora, el edificio de la Corporación Thorne parecía inclinarse ante ella mientras el coche se detenía frente a la entrada principal.
Al bajar, los empl