La Torre Thorne brillaba como un faro de arrogancia en el centro de la ciudad. Elora se miraba al espejo mientras Alaric terminaba de abrocharse los puños de su camisa de seda negra. Ella vestía un vestido de seda líquida color púrpura profundo, casi negro, con la espalda totalmente descubierta para que todos pudieran ver las marcas que Alaric le había dejado la noche anterior. Su cuerpo aún dolía por la rudeza de él, pero había algo en ese dolor que la hacía sentir despierta, peligrosa.
Alar