La noche de la Luna Roja convirtió el cielo en una herida abierta. El bosque que rodeaba la fortaleza de los Thorne se transformó en un laberinto de sombras escarlatas y neblina densa.
Elora estaba de pie en el límite de la propiedad, vestida con ropa de cuero oscuro que Alaric le había entregado personalmente. No hubo palabras de aliento, solo una advertencia gélida.
—Si te detienes, mueres. Si dudas, te encontrarán —le había dicho Alaric mientras le ajustaba una daga de plata en el muslo c