—Si estuviéramos solos, te pondría ahora mismo contra esa pared y te follaría viva. —Vuelve a adelantar la cadera. El ardor desciende hasta mi sexo y me obliga a gemir. Maldigo mentalmente a Lucas.
—Podemos hacerlo en silencio —susurro—. Te dejo que me amordaces.
Él sonríe con malicia.
—Créeme, ibas a gritar tanto que ninguna mordaza lo ocultaría. —Me estremezco físicamente al pensarlo—. Mañana —dice con firmeza—. Quiero solicitar una cita. ¿Qué? ¿Una cita para follarme? Esto... ¡no h