Después pico los champiñones y el chorizo muy finos y lo salteo todo. Hiervo el arroz, corto un poco de pan recién hecho y hago el cordero a la plancha. Mientras tanto, él permanece sentado, mirándome, y no se ofrece a ayudarme ni intenta darme conversación. Se limita a observar en silencio cómo cumplo con mi deber de alimentarlo.
Mientras estoy rellenando los pimientos, aparece delante de mí y se inclina desde el otro lado de la encimera.
—Estás haciendo un gran trabajo, señorita.
Tomo el cuch